Víctor Ramírez*

BUSCAR SER SANTOS EN LA IGLESIA DE HOY

"En momentos donde la palabra “Santidad” está lejos de ser una representación fiel en nuestros actos, el desafío y la invitación es constantemente a buscarla, incluso en nuestros errores"

Estamos viviendo tiempos especiales en la Iglesia, donde hemos mirado en lo más profundo de nuestra realidad; y con dolor descubrimos que nuestras prácticas se alejan completamente de la experiencia más profunda del evangelio; donde incluso aquellos que en la persona de Cristo nos acompañan en nuestro quehacer pastoral, han faltado a la profunda caridad y han cometidos delitos que sin duda están alejados del Evangelio de Amor y Justicia que Jesús nos propone y nos demanda. 

En momentos donde la palabra “Santidad” está lejos de ser una representación fiel en nuestros actos, el desafío y la invitación es constantemente a buscarla, incluso en nuestros errores. Poder encontrar en ellos una forma de retomar el rumbo que Jesús nos indica. 

En el contexto de “crisis” de la Iglesia, solo podemos comprender que el desafío de la santidad tiene elementos concretos, es decir, no es la búsqueda de estar en el altar cuando conozcamos la Gloria de Dios en el cielo, sino que es una forma de enfrentar el día a día, es decir, alcanzar la santidad en actos concretos. Ahí radica el reto más apasionado que debemos asumir los católicos, ser sal y luz, sí, la sal y la luz.  Para eso nuestros pasos deben reflejar nuestro vínculo con el Padre, que a mi entender se desarrolla de dos formas muy concretas: oración y ayuda a los demás. Solo en el vínculo constante de la Oración logramos preparar nuestro corazón y nuestra mente para involucrarnos con los demás hermanos -no como alguien inferior o que necesita de mi superioridad moral o de mi excelente compromiso cristiano, sino con el compromiso de saberme miserable- y ser sal en el mundo. 

En el día de los santos, aquellos que han logrado ser vínculo en nuestros deseos más profundos del alma, con Dios Padre, hoy nos iluminan y comprendemos que sí es posible vivir la vida con olor a evangelio. 

Los Laicos, tenemos un llamado hermoso para responder a esta santidad, construir el Reino de Verdad y Justicia, lo cual es concreto, es de acciones diarias, de nuestras propias decisiones y de aquellas que en nuestra acción tienen consecuencias. Para todos, la acción de la santidad no es excluyente. Todos podemos alcanzar el abrazo del Padre Dios, siempre y cuando hayamos cumplido con nuestra vocación.

El evangelio nos interpela y desafía a preguntarnos ¿cómo podemos seguir teniendo presente la figura de Cristo en nuestro actuar? Primero hay que comenzar de nuestra experiencia de fe, solo desde ahí podremos invitar a otros – ya que en sencillas palabras- nadie da lo que no posee. 

Finalmente, la fe no es una doctrina, ni una norma, ni mucho menos un conjunto de acciones, es la experiencia con Él, es decir, reconocerlo en mí historia, lo que se traduce en un proceso diferente a cumplir un pergamino de solicitudes, este Dios, es distinto, es aquel encarnado que hace compromiso concreto con la humanidad, y modela la forma en que nos vinculamos con nuestro Padre. Él nos llama a reconocer primero su amor, para que nuestro actuar tenga sentido de urgencia. Reconozco que todo esto lo debemos vivir desde nuestra vocación que hemos, o por lo menos intentado, descubrir, desde nuestra experiencia laical. Desde nuestra postura estamos llamados e interpelados a ser los ojos, manos y acciones de Cristo en medio del Mundo.

*Coordinador General Fundación Comunidad La Casa