La Segunda

CÓDIGO AZUL

"El éxito obtenido nos da esperanzas: es posible mejorar las condiciones de vida de los más olvidados cuando diferentes actores de la vida nacional se unen para promover la solidaridad" señaló Natalia Arévalo, vocera de Voces Católicas.

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Señor Director:

Con la primavera y temperaturas más amables llega a nosotros el balance del Plan Código Azul, que muestra el avance en la protección de personas en situación de calle. El éxito obtenido nos da esperanzas: es posible mejorar las condiciones de vida de los más olvidados cuando diferentes actores de la vida nacional se unen para promover la solidaridad. Pero también nos da una responsabilidad, porque aún queda el desafío de ganarle a la pobreza y a la exclusión todos los días del año.

La promoción de la dignidad humana ha estado constantemente presente en la iglesia; en el reciente documento Oeconomicae et Pecuniariae Quaestiones, Francisco denuncia el aumento de las desigualdades durante el último siglo. Señala que el progreso económico de un país debe evaluarse mirando "la calidad de vida que produce, y la extensión social del bienestar que difunde". Los cristianos estamos llamados a construir un país donde se respete a cada persona y se construyan lazos comunitarios. Esfuerzos como los que vimos en el Plan Código Azul nos dan luces respecto a las acciones concretas que podemos tomar para difundir el bien común.

Como Francisco, los cristianos queremos promover un desarrollo que tenga al ser humano como centro. Nos sentimos felices al comprobar que las acciones coordinadas pudieron evitar la muerte de muchas personas, pero sabemos que el éxito final de cualquier plan solidario es que llegue el día en que éste no se necesite más.