María Teresita Domínguez

DE LA MANO DE MARÍA DESCUBRIMOS A JESÚS EN El ROSARIO

"La palabra Rosario, significa corona de rosas. La rosa siendo una flor tan sencilla, logra con su simpleza adornar y perfumar un lugar, ¿si tan sólo una rosa logra tanto; cuánto más lo hará una corona de ellas?"

Estando en las Bodas de Caná, María se conmueve por unos novios a quienes se les había terminado el vino. Su tan esperada celebración podría arruinarse a causa de esto. Ella sin dudarlo, acude a su hijo y le pide con cariño que actúe, que irrumpa con su poder, permitiendo que continúe la fiesta al transformar el agua en vino. Cada vez que rezamos el Rosario somos como un niño pequeño -confiado ciegamente en el amor de su madre- que pide ayuda y guia en nuestra realidad. Además, acudimos a Ella para que nos acompañe, consuele y eduque. Le pedimos que  tome nuestras intenciones y se las presente a su Hijo, para qué transforme nuestra agua en vino.

La palabra Rosario, significa corona de rosas. La rosa siendo una flor tan sencilla, logra con su simpleza adornar y perfumar un lugar, ¿si tan sólo una rosa logra tanto; cuánto más lo hará una corona de ellas? En cada aparición, María nos pide con dulzura que acudamos al rosario, que lo recemos con fe, y nos promete a cambio, darnos la tan necesaria paz.

Todos  los padres sabemos lo que nuestros hijos necesitan mucho antes de pedirlo, pero; esperamos que se nos acerquen a solicitar sus necesidades para concedérselos. Algo similar ocurre con nuestra Madre, Ella respeta nuestros tiempos y libertad, nos envía cada vez que le pedimos sus rayos de amor, paz y consejo. 

Al rezar el Rosario recorremos la vida de Jesús de la mano de María; algo parecido sucede al mirar un álbum de fotos y revivir todos aquellos momentos pasados. En cada misterio logramos sentir y acompañar a Jesús, percibimos los momentos de gozo, dolor, luz y gloria de su vida. No sólo la recordamos, podemos hasta entrar misteriosamente en ellos permitindo que Dios irrumpa en nuestra vida.

El Papa nos invita a rezarlo con fe, a rezarlo en familia, entre amigos y compañeros. Nos invita a rogar a nuestra Madre por la Iglesia, para que nos ilumine en estos momentos de dificultad y dolor, ayudándonos a encontrar el camino que nos conduce hacia Dios. Cincuenta veces le pedimos a nuestra Madre que ruegue por nosotros en cada Rosario, también cincuenta veces recordamos su Sí valiente a la voluntad de Dios. Si verdaderamente sentimos lo que repetimos sin pensar, nuestra vida cambiaría luego de cada Rosario, nuestra fe crecería y aprenderíamos al igual que María, a escuchar y seguir con confianza la voluntad de Dios. Colaborando cada uno, desde su pequeña o gran misión, a construir un mundo mejor.

El Rosario se puede rezar en la Iglesia, en nuestra casa, mientras viajamos, camino al trabajo, mientras esperamos al doctor, es decir, en cualquier momento. Sólo necesitamos querer y hacer. Puede que en un principio nos distraigamos y nos resulte algo monótono, pero si tratamos de imaginar la mano de María junto a la nuestra recorriendo cada uno de los misterios sentiremos su inmenso amor, un amor de Madre con el corazón deseoso de ser amada y amar. 

Logremos así que el Rosario sea nuestra mejor compañía y nuestro mejor aliado cuando queramos comunicarnos con nuestra Madre, y poco a poco, Ella irá educándonos como lo hizo con su hijo Jesús.