Roberto Ríos*

EL VALOR DE LA FAMILIA HOY

"Pensar y trabajar en la construcción de una familia que responda a la vocación de la persona y al mismo tiempo genere un sentido de co-pertenencia a esta unidad, no sólo sería un instrumento de transformación de la cultura, sino un elemento de superación personal"

Octubre, en Chile, es el mes de la familia, las iglesias locales organizan actividades tendientes a poner de relieve el valor y la importancia de la familia, es por eso que  quiero reflexionar sobre el protagonismo y la valoración que se le debe dar a la familia, unidad base, sin la cual no hay sociedad posible.

“Ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez y para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de AMAR” (Amoris Laetitia)

La familia es el lugar natural donde el recíproco sentimiento de afecto y comprensión lleva a que cada persona sea aceptada y amada sin condicionamientos: con sus virtudes y sus defectos, y bajo esta realidad crezca, se desarrolle y se dignifique como persona humana.

Por eso la familia es tan importante, porque reproduce valores, saberes y tradiciones que enriquecen al hombre desde el seno de la misma y eso se traslada y contagia hacia el conjunto de la sociedad.

Cualquier reflexión no puede desconocer y lamentar que la sociedad en la que hoy vivimos muestra signos de debilidad y pérdida de valores, que tienen que ver con la degradación que desde hace muchos años se hace de la familia y básicamente de su raíz, que es el matrimonio.

Hoy las familias reciben una fuerte influencia negativa del entorno, de los medios de comunicación que presentan modelos que atentan contra la fortaleza de sus raíces, con esquemas muy lejanos a los de un compromiso de vida serio entre la personas

Ningún análisis puede dejar de lado las carencias materiales que sufre un gran porcentaje de la población y que indudablemente condicionan la calidad de vida de la gente, atentan contra la propia dignidad y debilitan cualquier esquema de organización familiar que busque la armonía y convivencia constructiva de la familia.

Pensar y trabajar en la construcción de una familia que responda a la vocación de la persona y al mismo tiempo genere un sentido de co-pertenencia a esta unidad, no sólo sería un instrumento de transformación de la cultura, sino un elemento de superación personal.

Si bien es cierto que la realidad actual trajo aparejado cambios en la forma de vida, no se debe desatender al matrimonio como base de la institución familiar, pilar de nuestra sociedad.

Para finalizar e iluminar esta reflexión basta citar las palabras de nuestro querido Papa Juan Pablo II: “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”, y que en definitiva “La familia es el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”.


*Profesor de Religión y Moral de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magister en Ciencias de la Familia de la U. de Santiago de Compostela, España y  jefe programa Ética y Formación Cristiana en el DUOC UC , Sede Plaza Vespucio.