Ignacio Leiva*

ID Y HACED DISCÍPULOS MÍOS AL MUNDO

"No importa el lugar ni la vocación, la misión es parte de todos"

Si hay algo en que podamos congeniar todas las variantes del cristianismo, es la importancia de la evangelización. Es esencial entregar a Cristo a nuestros hermanos. No por ser una orden de Jesús, sino por la necesidad irracional de hacerlo. Un no sé qué que brota de nuestro corazón al sentirnos amados y salvados por Dios. 

Es que la vida de un católico debe ser esa: reconocer un Salvador. ¿Quién puede quedarse callado después de una tremenda alegría? ¿Qué niño no salta de júbilo cuando se le entrega un regalo? ¿Cuándo se ha visto un adulto no gritar de emoción al ganar un premio? ¡Es que esto no es cualquier alegría, regalo o premio! Estamos hablando que, ante los ojos de un creyente, la muerte es insignificante, un momento como cualquier otro, una gota en el mar. “La vida es un momento entre dos eternidades”, como dice Santa Teresita del Niño Jesús.  

No importa el lugar ni la vocación, la misión es parte de todos. Quizás algunos se sorprendan que Santa Teresita del Niño Jesús, carmelita descalza, gozando una vida de claustro, sea la patrona de las misiones. ¡Quién más que una carmelita puede irradiar al mundo la esperanza del Evangelio, si no es desde un monasterio! Una paradoja que no deja de encantar. 

Uno se puede preguntar por qué los patrones de las misiones son San Francisco Javier y Santa Teresita. Un jesuita que recorrió Asia por la Cruz; y la querida carmelita, quien nunca salió de su país ni del convento. Hay muchos fieles fueron llamados a dejar su país, a su padre y a su madre, para ir en busca del hermano que no conoce a Jesús. Pero los que no hemos sido llamado a esa vocación, ¿Quiere decir que no estamos llamados a la misión? ¡Es que la evangelización no es solo el concepto erróneo de ir con rosario en mano a lugares remotos! Nosotros podemos ser como Teresita, que de nuestro lugar en el mundo seamos un faro a quienes nos rodean. 

Cada uno está llamado desde su espacio para ser esperanza y evangelizar cada rincón de nuestro mundo. ¿Dónde estuvo el católico ante un hermano en necesidad? ¿Dimos de comer? ¿Dimos de beber? ¿Dimos palabras de vida eterna? ¿Estamos evangelizando a nuestros hijos en el amor y valores cristianos? ¿Actuamos ante injusticias? ¿Luchamos en favor del niño que está por nacer? ¿Hemos cambiado las injusticias que percibimos el día a día? Y la pregunta fundamental: ¿hemos misionado a nuestra Iglesia? 

La dejación de los deberes de evangelización del laico, han sido parte de la crisis actual. ¡Qué distinto sería que todos estuviéramos con palabras de Dios trabajando en el Cuerpo de Cristo! Ante cualquier error detenernos, rezar, reflexionar y enmendar rumbo juntos. Para caminar necesitamos: el corazón para latir, la cabeza para pensar, los brazos para el equilibrio y las piernas para avanzar. ¡Así debe ser la misión! No podemos centrarnos en misionar hacia afuera, es vital hacerlo para adentro. 

Unos irán con grupos escolares a zonas rurales y urbanas en necesidad de esperanza. Otros saldrán en las noches en busca de personas en situación de calle como el Padre Hurtado. Quizás convidar al familiar lejano, o al vecino no creyente. Ayudarnos en familia. Conversar con el mejor amigo. A veces a Cristo le cuesta llegar a los lugares más cercanos, y es porque nosotros no hemos sido capaces de tender los puentes de la fe. 

Si no somos luz en la oscuridad, ¿qué católicos somos? Si somos semilla que no germina, ¿qué católicos somos? Si entre todos no podemos misionar en cada rincón geográfico y espiritual, ¿qué católicos somos?

La fe es un don, la Salvación ya es nuestra. Solo nos falta la disposición, esa joya de libertad que nos fue regalada por dios. Como decía Teresita: “La santidad consiste en la disposición del corazón”. ¿Estamos dispuestos a evangelizar? ¿A entregar nuestro mensaje católico en lugares difíciles? ¿A ser esperanza en la muerte? 

Comencemos. Evangelicemos. Prediquemos en todo espacio. Jesús murió en manos de su pueblo. ¿Seremos capaces de misionar en el nuestro? No es de superhéroes ser los nuevos santos misioneros, es de personas de barro.

 

*Ignacio Leiva, vocero Vocas Católicas