Por Alexis Parra

MISERICORDIA Y PERDÓN

"Si bien reconocemos que perdón es un valor importante, nos falta dar un paso más para lograr la reconciliación y la tan anhelada paz social. Para ello es fundamental que todos como sociedad hagamos un esfuerzo individual y aprendamos a disculparnos y a perdonar"

28 de noviembre, 2016

El Papa Francisco acaba de clausurar el Año Santo de la Misericordia, marcado por sus potentes gestos como los realizados los días viernes donde visitó a los inmigrantes en Lesbos, personas enfermas, alcohólicos y drogadictos, entre varias obras. Al finalizar este jubileo, la palabra que ha quedado en el centro del acontecer cristiano es "misericordia". En la homilía de cierre llamó a "no cerrar nunca la puerta de la reconciliación y del perdón, sino de saber ir más allá del mal y de las diferencias, abriendo cualquier posible vía de esperanza".

En medio de este Año Santo, la Pontificia Universidad Católica en conjunto con GFK-Adimark abordó el perdón como tema en la última Encuesta Bicentenario. En el estudio llama  la atención que si bien un 80% de los chilenos cree que "en el país se necesita más perdón", en ciertas situaciones no se esté dispuesto a hacerlo, llegando incluso a invocar como sinónimo de justicia la pena de muerte, que es aprobada por un 58% de los encuestados.

No se puede entender la justicia si no va de la mano del perdón, y en esta encuesta se evidencia que aún nos falta como sociedad para vivir en paz.  Si bien reconocemos que perdón es un valor importante, nos falta dar un paso más para lograr la reconciliación y la tan anhelada paz social. Para ello es fundamental que todos como sociedad hagamos un esfuerzo individual y aprendamos a disculparnos y a perdonar. Debemos enseñarle a nuestros niños y jóvenes a pedir perdón cuando ofenden o comenten algún error, y también a aceptar con humildad y misericordia a nuestro prójimo cuando ha errado.

El Papa Francisco, con el documento "Misericordia et misera" con que cierra este año jubilar,  llama a todos quienes integran la Iglesia y a las personas de buena voluntad a  navegar  aguas nuevas y profundas. "Aunque se cierra la Puerta Santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo". La invitación es entonces a que nadie quede náufrago,  ya que juntos debemos llevar el estandarte de la inclusión misericordiosa.