Por Eliana Rozas*

MOSTRAR CON ESPERANZA

"Lo que propone, pues, no es un silencio acerca del mal, sino un cambio en el modo de mirarlo. Eso, partiendo de la base de que la realidad no tiene un significado unívoco y que es percibida conforme a las claves en que cada uno decida mirarla..."

28 de enero, 2017

Como cada año, en vísperas de la fiesta de San Francisco de Sales, patrono de periodistas y escritores, el Papa ha dado a conocer un nuevo mensaje destinado a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Tras el encargo y con la inspiración del Concilio Vaticano II, desde 1967 –en ese entonces, a través de la pluma pionera de Paulo VI- el papado viene construyendo una valiosa reflexión acerca de la cuestión de las comunicaciones sociales, donde no ha olvidado a ninguna de esas que ahora llamamos "plataformas" –prensa, radio, cine, televisión, internet, redes sociales-, ni a ninguno de los oficios que se despliegan en ellas –periodistas, publicistas, audiovisualistas; ni a ninguno de sus públicos –niños, jóvenes, ancianos, familias, hombres, mujeres-. Aproximarse al conjunto es adentrarse en una mirada que, junto con actualizarse constantemente, no pierde de vista el sentido de diálogo que toda actividad comunicacional conlleva.

En esta oportunidad, para la versión número 51 de la jornada, el mensaje lleva por título "No temas que yo estoy contigo" Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos.

El texto de donde Francisco extrae la cita es Isaías 43, una especie de bellísima reivindicación de paternidad por parte de Dios, junto con una garantía de protección contra viento y marea, sin importar cuan incierto sea el territorio por el que se transite. De allí esa invitación a no temer.
Desde el momento en que el propio Papa la declara, no se requiere ser perspicaz para advertir en ella una interpelación a los periodistas en particular y a todos los que participan en los procesos informativos, en general. Incluidos, por cierto, los que se sitúan en el rol de audiencias.

Es en este sentido que alude a una necesidad de romper lo que él llama "el círculo vicioso de la angustia" y de detener "la espiral del miedo", que atribuye a lo que considera la costumbre de centrarse en las malas noticias, que ejemplifica con guerras, terrorismo y escándalos.

A primera vista, podría pensarse que se trata de una nueva manifestación de la vieja queja de la predilección del periodismo por las "malas" noticias, en desmedro de las "buenas". Una queja que frecuentemente pierde de vista que toda narración es empujada por una cierta alteración de lo previsible. Más aún, cuando se trata del periodismo, que busca hacer el relato de lo novedoso, que por definición supone un cierto estado de alteración.

Pero no. El Papa no milita entre aquellos que pretenden desdibujar la narración de lo negativo a punta de relatos acerca de lo exitoso y lo positivo, que en realidad se parece mucho a desviar la atención desde el desafío hacia la condescendencia: "Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal".

La propuesta es bien distinta. Superar la angustia, el miedo y, en el mejor de los casos, la resignación frente a un mal que parece inexorable, no exige acallar el relato de aquello que es injusto o causa dolor, sino dar voz a los que tienen el talante de enfrentarlo y dar espacio a las salidas y a los remedios. "Quisiera contribuir –dice Francisco- a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia".

Es notable este aspecto del planteamiento del Papa, que no deja todo entregado al ethos de los periodistas ni a las exigencias del relato acerca de la realidad, sino que demanda actitudes de participación y responsabilidad en las audiencias que se exponen a la información. No una responsabilidad acerca de esa exposición en sí misma (leer o no leer, oír o no oír, ver o no ver), sino posterior a ella. En definitiva, se trata de construir unos relatos de los que no se salga temeroso frente a lo negativo, ni siquiera indiferente frente a ello, sino decidido a tomar el desafío de enfrentarlo.

Lo que propone, pues, no es un silencio acerca del mal, sino un cambio en el modo de mirarlo. Eso, partiendo de la base de que la realidad no tiene un significado unívoco y que es percibida conforme a las claves en que cada uno decida mirarla: "cambiando las lentes, también la realidad se nos presenta distinta".

A fin de cuentas, no se trata de otra cosa –menuda cosa- que de abrirle a la esperanza –esa que Francisco llama la más humilde de las virtudes, pero la con más capacidad de fermentación- un espacio en las comunicaciones.

 

*Eliana Rozas es periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, académica de la Facultad de Comunicaciones de la misma casa de estudios y miembro del directorio de Fundación Voces Católicas.