Por José Manuel Cerda*

PEREGRINANDO POR EL PATRIMONIO DE SANTIAGO

"En este fin de semana que la ciudad celebra su patrimonio (...) nos disponemos a visitar tres templos emblemáticos de la capital para culminar a los pies de la Virgen en el Cerro San Cristóbal".

La peregrinación es una de las tradiciones más antiguas para los católicos, ya que la Iglesia ha llegado a todos los rincones del mundo, pero hay lugares que se consideran especialmente importantes para el cristianismo.

La encarnación y muerte de Cristo hizo de Jerusalén la ciudad santa por excelencia, el destino más anhelado y sublime para cualquier cristiano. Pero como no siempre fue posible realizar ese largo y arduo viaje a Tierra Santa, surgieron en Europa alternativas para el peregrino como Roma, Oviedo y Santiago de Compostela. Durante siglos se ha caminado con devoción a estos lugares, especialmente en momentos críticos en la historia de la Iglesia como vivimos en la actualidad y especialmente en Chile.

El camino hacia un santuario es un viaje que es análogo a la vida, que también comporta un transitar hacia otra vida de plenitud. En el camino encontramos alegrías, pero también muchas dificultades y obstáculos que permiten reflexionar, discernir y hacer penitencia. La peregrinación es fundamentalmente un acto espiritual de humildad que, ante la inmensidad de la tarea y la longitud de la senda, nos recuerda nuestra pequeñez, defectos y limitaciones y nos acerca a Dios, paso a paso.

Este acto de humildad que se le pide hoy a la jerarquía eclesiástica y al clero en tiempos que prometen reforma y renovación, también le compete a cada persona laica que profesa la fe católica y que solo tiene como modelo a Cristo, que también peregrinó cargando la cruz al más santo de los lugares; el calvario donde redimió a la humanidad con su entrega.

Así como los caminos transitados por siglos en el viejo continente, nuestra ciudad de Santiago también ofrece lugares que nos conducen al recogimiento y al discernimiento, en medio de tanto frenetismo, y a la humildad peregrina para combatir la soberbia que tanto daño le ha causado a nuestra Iglesia. 

En este fin de semana que la ciudad celebra su patrimonio y con estos propósitos en el alma, nos disponemos a visitar tres templos emblemáticos de la capital para culminar a los pies de la Virgen en el Cerro San Cristóbal.

Comenzamos en la Iglesia San Francisco en la vereda sur de la Alameda, muy cerca del cerro Santa Lucía. Los franciscanos emplazaban sus conventos en las ciudades para así estar muy cerca de la marginación que generaba el mundo urbano y desplegar así su característica labor orientada a los más pobres. La visita a esta iglesia nos remite a los orígenes de la orden en el siglo XIII, cuando la inspiración divina le pedía a San Francisco de Asís renovar y reconstruir la Iglesia, también sumida en tiempos de dolorosa crisis.  

También el siglo XIII se fundó la Orden del Merced, cuyos miembros entregaban su vida para redimir cautivos en una época de guerra entre la cristiandad ibérica y los musulmanes. La fundación de San Pedro Nolasco cumple este año ocho siglos de vida y por eso caminamos unas cuadras hacia el norte para visitar la Basílica de la Merced y ahí agradecer la gran labor mercedaria en la evangelización de nuestro país, ya desde los tiempos de Pedro de Valdivia.  

También por esa época aparece en Europa la orden dominica, que bajo el liderazgo de Santo Domingo de Guzmán tuvo la misión principal de educar en la fe y la doctrina, labor muy importante en tiempos en que la Iglesia se enfrentaba a importantes herejías. Por eso nuestro itinerario se dirige a la Recoleta Dominica, iglesia que nos anima a reflexionar sobre la importancia de conocer nuestra fe para vivirla y manifestarla en nuestro entorno. El recorrido culmina en el santuario mariano del cerro San Cristóbal para poner a los pies de María nuestra intención de conversión personal para contribuir a la renovación de nuestra Iglesia.   

En menos de diez años, entre 1209 y 1218, se crearon estas tres órdenes que cumplirán una labor muy importante en Europa y luego en todo el mundo. Ese tiempo de crisis para la Iglesia fue también una época de grandes santos, que permitieron una profunda renovación y que inspiran nuestra peregrinación por Santiago. 

  

*José Manuel Cerda es Bachiller an Artes Liberales y Doctor en Historia, Universidad de New South Wales (Australia). Actualmente es Director del Centro de Estudios Medievales de la Universidad Gabriela Mistral y vocero de Voces Católicas